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domingo, 14 de abril de 2013

BAFICI Película 1: Dreileben- Beats Beeing Dead

Esto no es una reseña, ni un ensayo ni ningún género académico que se le parezca. Acá empieza una serie de impresiones. Nada más que eso. No buscan informar, solo transmitir la sensación y la percepción de una obra de arte, en este caso del cine. Los tiempos acotados por las presiones de la facultad y por el número de películas van a volver esto un torrente de ideas y emociones. Posiblemente, muchos aspectos técnicos de mi vocabulario como incluso interpretaciones hechas con velocidad estén mal...pero quiero que lo esencial sea la percepción inmediata de la obra, su efecto más colosal, el primer golpe que logra asestar al cuerpo humano espectador. Dicho esto, Impresiones...

La película fue emocionante, corta, compacta, y por ese mismo motivo y la concentración de imágenes, muy efectiva. Fue tierna en muchos aspectos, hermosamente humana, con un protagonista que al tener sexo con su chica realizaba los ideales del amor y la dulzura. También fue algo neurótica, con un asesino suelto en ese lugar pequeño, un pueblo para mi, que agigantaba las posibilidades del crimen y del suspenso. Para colmo, al lado del pueblo había un enorme bosque, tenebroso y elevado, lleno de digna majestad verde, pero no por eso dejaba de ser el lugar de refugio del criminal, el lugar de paso de los personajes, el lugar donde una presencia horrible se sentía, esas presencias que preceden a la tragedia. La música, ¡qué fenómeno maravilloso! Me hacía acordar a Psicosis. Con un punto muy agudo que concentra la tensión, que hace pensar que algo siniestro está apunto de pasar. A la vez que los personajes se mueven por ese mundo, no tienen idea que el asesino los vigila. La música, el leit-motiv de la película, es profunda y espesa....suena a cada momento, no deja que nos estemos tranquilos, a lo largo de los minutos se vuelve una pequeña obsesión...un aguijón que quiere sangre de manera inesperada. Y entonces veo el bosque enorme, atravesado, tajeado por la música, y los personajes caminan en este ambiente con sus alegrías y tristezas...la belleza de lo humano que a la vez desconoce las posibilidades infinitas del futuro.

SH

domingo, 7 de abril de 2013

Words fail me- Virginia Woolf

Las palabras me fallan, noto más y más cómo son instrumentos, piedras-diría Paul Auster- objetos inertes que apilo a un lado mio o al otro. La palabras chocan entre sí y están huecas, no, esa imagen es demasiado, las piedras chocan y hacen ruido, en realidad no me importa si chocan o no, si suenan o no, las veo formando torres feas y siento que no valen nada. No vale la pena que las use o no, que construya edificios como un nene que juega con legos. Simplemente no dicen nada, están ahí, exhibiendo su inutilidad, ¿se burlan? Cada palabra es igual a todas las demás, si adjetivo 'hermoso' o 'bello' o 'asombroso' me parece que digo lo mismo, o que no digo nada. Los adjetivos pierden valor, ¿qué haría si perdiera valor todo el lenguaje? NO NO NO NO NO NO NO NO NO no podría permitirme eso. Pero constantemente me repito, soy como un megáfono que amplifica pero no tiene voz. Siento que debería leer bibliotecas, debería juntar palabras en mi interior y esperar que una forja oculta las transmute, las cambie, las arregle en algún poema que merezca ser escrito.

SH

El acto de nombrar

Nombrar es un acto divino. Cuando Dios dijo el mundo, éste fue, decir y hacer en Él son la misma cosa. Dar nombre es dar ser. En el origen de la creación, según el Génesis, Adán y Eva dan nombre a las cosas y animales. Este acto de nombrar es llevado acabo por el artista cuando crea un poema, una pintura, una escultura. Dar nombre no es algo aleatorio sino que el nombre resignifica la obra, ésta puede entenderse a partir del nombre, en contraposición con él, incluso desde su indiferencia como en las obras contemporáneas llamadas Composición, Dibujo, Ensayo, Prueba y algún número más o menos arbitrario. Escribir algo y luego darle un título bajo el cual los demás lo reconozcan no es ni tarea sencilla ni banal, porque es gracias a ese nombre que la obra entra plenamente en el mundo de los hombres, es con ese nombre que admitimos que una cosa más pueble este mundo con propia ciudadanía. Como decía Borges, como se preguntaba el rabino de su poema, ¿por qué di en agregar a la infinita/ serie un símbolo más?...el artista se pregunta por qué nombrar esto o aquello, por qué dar a los demás una sinfonía o un grabado. A veces asistimos a una contestación misteriosa de esa Fuente Universal de donde mana el arte, a veces simplemente seguimos creando, tímidamente, esperando que esos objetos nuevos tengan algún valor que los sustente en la existencia. Otros crean por impulso, sin los engaños de la inspiración, sino por medio del trabajo incesante, de la más absoluta precisión en la palabra. El arte es la vinculación fundamental y primigenia que tiene el hombre con el cosmos. Por eso, el hábito de crear no puede detenerse, ni tampoco volverse más pobre, pues donde hay arte auténtico se esconde una luz, un eco de algo que intuimos y no llegamos a ver con claridad, de algo que se escenifica...la verdad misma, el hombre, Dios, el Amor que como dice Teresa Leonardi no puede morir.

SH

Cornelia frente al espejo


La película de Daniel Rosenfeld es una esmeralda, hecha con suma elegancia, con una precisión estética y una lucidez que no es común. Está basada en el cuento homónimo de Silvina Ocampo y cuenta la historia de una mujer que vuelve a la casa de su tía para suicidarse y recibe tres visitas inesperadas.
Primero debo reconocerle al director la excelente decisión de haber mantenido los diálogos intactos del cuento de Silvina. Realmente, escuchar a los personajes decir las palabras de la autora es un privilegio, nadie podría haber dicho las cosas mejor que aquella quien las creó. Por supuesto que hacer esto supuso obstáculos para la realización de la película, pero de la dificultad surgió la fuerza y el film lo prueba con creces. La cantidad de registros en las palabras de Silvina es maravillosa: hay patetismo, hay ira, hay desconcierto, hay humor, hay sarcasmo, hay teatralidad…además de que escuchar a Cornelia en carne y hueso- posible en el cine gracias a Eugenia Capizzano que lo hace increíblemente bien- hablar las palabras de un libro de papel y tinta es un contraste más que agradable.
Paso a enumerar aciertos, luego me detendré en mi experiencia. La música es exquisita, actúa en la medida justa, intensifica o suspende el sentimiento, por momentos ella es la protagonista, ella es Cornelia. La película comienza con los grabados de Max Ernst que son bellísimos y extravagantes, escenas cotidianas pero dadas vuelta con algún personaje metamorfoseado total o parcialmente en animal. Estas monstruosidades ya nos anticipan la ambigüedad de la película, su carácter fronterizo, sus vaivenes entre el sueño y la realidad, entre lo surreal y lo real, entre lo absurdo y lo lógico. Las actuaciones son impecables, al igual que la fotografía, que le da al film parte de su esplendor. La forma en que la cámara mira a través de esa casa y circula y rodea a los personajes es  fantasmagórica y misteriosa.
Ahora es tiempo de hablar de mí, de mi yo-espectador. En arte es pecado mentir. Todas las cosas que dije son ciertas y fueron ciertas las dos veces que vi la película. Sin embargo, la primera vez a todo esto tuve que sumarle la percepción de mucha lentitud y de aburrimiento. ¿Cómo algo que reconocía tan bello podía hacerme sentir aburrido? Decía interiormente…ya sé que falta aparecer un personaje, por favor que corra el tiempo…Este aburrimiento no invalidaba la película, ver a Cornelia con ese traje crudo hermoso, escuchar el texto de Silvina, eso era increíble pero no desprovisto de tediosa lentitud. Sorprendentemente, la segunda vez que vi la película todo esto desapareció. En un momento, incrédulo, me dije a mi mismo que se me había pasado muy rápido. Si antes había dicho que todavía faltaba un personaje, ahora dije que tan solo faltaba esa última visita. Entonces, todas la virtudes del film se afinaron y exaltaron, sobre todo la música y los ruidos de los personajes caminando por la enorme casa.
Justo antes de la película, la segunda vez, estuvo Daniel Rosenfeld y dijo una frase de Silvina: “No soy sociable, soy íntima.” De aquí se desprende el carácter onírico del cuento/film y de la atmósfera que crea alrededor de sí. Los eventos y los hechos suceden por causas desconocidas, los personajes tienen motivaciones igualmente oscuras o ridículamente evidentes- como los constantes pedidos de Cornelia a dos de sus visitas de que prometan matarla-. El tiempo, el espacio, la misma corporeidad se desdibuja. Cuánto tiempo sucede entre un evento y el otro, dónde están los personajes que aparecen y desaparecen dentro de la casa, si ellos son reales o ilusorios o fantasmas o muertos…esas son preguntas que nos hacemos y que no tienen respuesta (¡y que así sea! O de otro modo, que aburrido sería todo). En la confluencia de tantas cosas inciertas, algo- las características de ese algo tampoco las conozco, puedo llamarlo belleza o arte- surge y resplandece y APARICIÓN APARICIÓN REVELACIÓN, y nosotros, repletos de encanto y de placer. 

Lola Rennt: una aventura enloquecida


Lola Rennt de Tom Tykwer cuenta la historia de una pareja en un día muy particular. Ellos, Lola y Manny, están involucrados con algún tipo de comercio ilegal y un hombre de poder, mafioso, pretende poner a prueba al novio. En lugar de entregar  la suma de 100.000 marcos en tiempo y forma, los deja en un subte sin querer, donde la bolsa de dinero es robada por un mendigo. Veinte minutos antes de la entrega, Manny llama a Lola desde un teléfono público y le pide que haga algo porque de lo contrario es hombre muerto. ¿Cuántas cosas pueden suceder en 20 minutos? Pues infinitas, y esto no es broma. Aquí empieza un viaje enloquecido por el tiempo y el espacio…una verdadera maravilla fílmica.
Y esta película no es solo ese argumento, contado linealmente. Todo está astillado en perspectivas, a partir de los distintos personajes, a partir de la forma en que los eventos se suceden en el tiempo. Todo es crucial en el curso de la vida humana. La más mínima diferencia cambia todos los resultados. La contingencia es más increíble de lo que nos la figuramos. Ese es uno de los grandes aciertos de la película. Y para mostrar tal polifonía de situaciones y de miradas, naturalmente los recursos tenían que multiplicarse y entrelazarse. Así es que la película además de mostrar a Lola de carne y hueso corriendo como loca de acá para allá, nos la muestra como si fuese un comic, se intercalan fotos de personajes en el medio de la trama, cosas inesperadas como los gritos de Lola-que tienen la habilidad de romper las cosas de vidrio o cristal- suceden con extraña naturalidad.
Aquí viene algo mejor. Toda esta belleza expresiva, este inmenso mar de signos fluye dentro de los límites de una película relativamente corta, amena, repleta de acción, de movimiento que no por eso se priva de tomas y fotografías bellas, de momentos de humor, de suspenso e incluso de misteriosa calma y caridad. Realmente, esta obra es compacta, fácil de disfrutar, pero no por eso ordinaria o banal. Lo contrario, lo contrario…los engranajes se ajustan perfectamente, a la vez que muchos elementos surrealistas cruzan el film, lo enrarecen, diversifican, lo desdoblan para volverlo el tablero de un juego extraño y sumamente divertido.
LOLA CORRÉ LOLA CORRÉ. Así de excitados como estamos cuando corremos, así vamos a estar mientras vemos la película. Las cosas suceden en modo turbo, nitro, como quieran llamarlo. Velocidad, adrenalina. Cuando algo nos sorprende, la imagen cambia y las cosas comienzan de nuevo. Respiramos cuando la película termina. Antes de verla, hay que tomar una gran bocanada de aire, y después deleitarse con imágenes. Lola, su pelo rojo encendido, corto, corré corré corré

SH

Cosas fútiles

Es bastante fácil entender la importancia de las cosas fútiles. Ellas se entienden y se disfrutan por sí mismas. Las importantes, en cambio, se ordenan a algo superior que les confiere esa importancia o ese status. Ergo, las primeras son superiores a las segundas. Por supuesto, hay cosas importantes en sí que pueden al igual que las fútiles ganar espacio en nuestra memoria o espíritu sin esfuerzo. Pero la mayoría de las cosas importantes lo son para algo, y entonces nuestra mente prefiere relegarlas al olvido y seguir jugando y experimentando en un mundo, cuyo funcionamiento desconoce teóricamente, pero al que prefiere llegar solo a partir de su vivencia mano a mano con él.

SH